El río Moldava —Vltava, en checo— es mucho más que una corriente de agua: es una arteria viva que atraviesa el alma cultural e histórica de la República Checa. Con sus 430 km de recorrido, es el río más largo del país, naciendo en las montañas de Šumava y desembocando en el río Elba en Mělník.
A lo largo de su curso, el Moldava serpentea entre bosques, castillos y ciudades de cuento. Český Krumlov, con su casco antiguo medieval, o České Budějovice, cuna de la auténtica Budweiser, ofrecen experiencias fluviales más íntimas, a bordo de canoas o pequeñas embarcaciones.
Pero es en Praga donde el río despliega toda su majestuosidad. Navegar por el Moldava bajo el Puente de Carlos, con vistas al imponente Castillo de Praga y las cúpulas de la Ciudad Vieja, es una experiencia imprescindible. Cruceros panorámicos, con cena gourmet, música en vivo o al atardecer, permiten descubrir la capital desde una perspectiva única y mágica.
El Moldava ha inspirado a artistas y músicos, como Bedřich Smetana, quien lo inmortalizó en su poema sinfónico homónimo. Hoy, sigue encantando a viajeros con su mezcla perfecta de paisaje, historia y romanticismo.